El mito de la Caverna de Platón

Publicado el 10 de febrero de 2026, 22:56

Podemos encontrar el famoso Mito de la Caverna de Platón en el libro VII de La República. Una obra que es considerada por muchos como la obra más importante de la historia de la filosofía. En dicho mito existe, en algún lugar de la Grecia antigua, una cueva subterránea muy profunda, en la que un grupo de prisioneros vinieron al mundo y han pasado sus vidas enteras, sin jamás haber visto el mundo exterior, ni sospechar siquiera de su existencia. Estos prisioneros se hallan encadenados a un muro muy sólido de ladrillos, de un modo tal que, hagan lo que hagan, tan solo pueden mirar hacia el frente, hacia una pared en la cual se proyecta la luz de una antorcha situada a sus espaldas. A espaldas de los prisioneros pasan numerosos sirvientes, llevando a cuestas toda clase de objetos, estatuillas y vasijas. Las sombras de los objetos se proyectan en la pared, donde son percibidas por los prisioneros como si fueran cosas en sí mismas y no el reflejo de la luz a sus espaldas. Es decir, los prisioneros creen que el mundo real consiste en esas sombras y a través de ellas explican incluso su propia existencia. No conocen nada más. Hasta que un buen día, uno de los prisioneros logra zafarse de sus ataduras y voltear hacia la antorcha, descubriendo así una nueva realidad. De golpe, el prisionero entiende que las cosas reales estaban fuera de su visión y que las sombras no son las cosas, sino apenas un espejismo. Motivado por la curiosidad, el prisionero camina por la caverna hasta dar con la salida y descubre el mundo exterior y todo lo que allí existe: árboles, lagos, personas, e incluso el Sol. Deslumbrado con su nueva percepción del universo, el prisionero regresa de inmediato a la cueva con la intención de liberar a sus compañeros. Sin embargo, al entrar a la caverna, la deslumbrante claridad de afuera le impide ver bien, y llega dando tumbos hasta sus compañeros. Estos últimos, al verle andar de ese modo, se ríen de él y cuando les cuenta lo que ha visto respecto al mundo exterior y respecto a la luz y las sombras, lo toman por loco y aferrados a la seguridad de su mundo le dan de lado. 

 

Los prisioneros pensaban que su mundo era la realidad, que todo lo que veían era lo único que existía. Desconocían que la realidad se encontraba fuera de la caverna. El camino hacia la verdad solo se puede encontrar a través de la filosofía. Para seguir ese camino, debemos ignorar nuestras sensaciones, todas esas imágenes cambiantes que nuestra mente nos hace creer que son realidades estables, pues esa ilusión nos confunde y nos desvía de la verdad. Solo existe una salida, no solo para obtener conocimiento, sino para guiar nuestra existencia. El conocimiento nos hace saber lo que es bueno, justo y verdadero, mientras que la ignorancia nos acerca a la crueldad, la maldad, la desgracia y la injusticia. Sócrates decía que una mala persona es aquella que elige un bien equivocado. El propósito de la filosofía es mostrarte los principales recorridos de las ideas, su diversidad, sus opuestos, incluso sus contradicciones, eso es todo. Eres tú quien elige hacia dónde dirigirte.

 

No debemos subestimar el poder de las ilusiones, la fuerza de las convicciones, todo lo que nos da la impresión de que estamos en posesión de la verdad, cuando en realidad son solo apariencias, espejismos, creencias falsas. La vida depende de las ideas que tenemos, y no son solo nuestra actitud y nuestro carácter lo que está en juego, sino la misma existencia. De nuestras ideas depende nuestra dicha o nuestra desdicha, nuestra felicidad o infelicidad. Pero tan solo una idea no es suficiente para cambiar la realidad. Si solo con pensar en algo eso se hiciera realidad, sería magia, no filosofía. Para los estoicos, el uso de las representaciones, el empleo y la gestión que hacemos de lo que percibimos, los juicios que nos formamos, es un pilar fundamental en el que hay que ejercitarse continuamente, pues como recordaba Epicteto a sus alumnos:

“No son los acontecimientos lo que nos perturba, sino nuestra percepción sobre ellos.”

 

 

Esta capacidad de ver la realidad, del uso correcto de las representaciones, era considerada literalmente por los estoicos como legado y herencia directa de los dioses. Estas percepciones o phantasias, como las denominaban estos sabios, tienen el poder de crear nuestra realidad, siendo el filósofo la persona que se aventura en la búsqueda de la verdad, la que podrá desprenderse de las cadenas de la ignorancia y alcanzar la verdadera libertad. ¿Y cómo podemos alcanzar dicha libertad? Nada mejor que seguir las instrucciones del maestro Epicteto, el cual enseñaba:

“La mayor y primera tarea del filósofo es poner a prueba las representaciones, juzgarlas y no aceptar ninguna sin haberla puesto a prueba.”

 

 

Debes ser consciente de que cada persona percibe la realidad de manera diferente a las demás. Cuando nuestras creencias e ilusiones toman protagonismo nos distraen de lo que es verdad. A diferencia de los hombres encadenados debes darte la vuelta y tener la necesidad y la curiosidad de comprobar lo que reflejan tus percepciones. En el mito vemos la importancia de la filosofía para guiar a las personas hacia el conocimiento, labor encomendada al filósofo, el cual sabe que cada alma tiene su propio tiempo para despertar y que no se puede forzar a nadie a ver la luz, solo mostrar el camino. El ascenso de los encadenados hacia la salida es la representación del largo camino que debe seguir el hombre para alcanzar el verdadero conocimiento, para alcanzar la verdad. Y tú, ¿estás dispuesto a recorrerlo?

 

 

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